lunes, 2 de febrero de 2009

La Beneficencia, el ayer


En estos días he recibido un correo sobre la corrida de beneficencia. Tenía básicas ideas sobre su tradicional caracter benéfico, pero poco más. Me puse a bucear sobre ello por aquí (Víctor Arrogante) y por aya.

Los motivos: una causa noble, al destinarse sus beneficios a la ayuda de los más necesitados, la inclusión de grandes figuras, que siempre han considerado un orgullo verse anunciados en esta fecha y la asistencia de altas personalidades de la época.

La Corrida de Beneficencia gozaba de un prestigio social de índole socio-cultural, que se anuncian amparadas en su supuesto carácter tradicional. Porque la tradición, en el caso de la Corrida de Beneficencia de Madrid, se remonta a la segunda mitad del siglo XVI, cuando el propio Felipe II dispuso que se celebrase anualmente un espectáculo taurino cuyos beneficios habían de proveer las débiles arcas del Hospital General, ubicado entonces junto al Prado de San Jerónimo el Real. El Hospital General era una institución creada para auxiliar a aquellos enfermos cuya pobreza les había imposibilitado para recibir cualquier otro tratamiento médico, y sufragaba malamente sus gastos a partir de las donaciones y concesiones que recibía, o por medio de rentas especiales que le fueron asignadas por la Administración desde Felipe II hasta Carlos II, o, incluso, a través de los impuestos con que se gravaban algunos productos y espectáculos (como los toros y el teatro).

Con la subida al trono de Felipe V, se reparó en que aquella vieja institución benéfica de los Austria subsistía en medio de una pobreza indecorosa, por lo que el nuevo monarca decretó, en 1743, que se construyera una plaza de madera junto a la Puerta de Alcalá, para que allí se verificasen espectáculos taurinos que pudieran engrosar las arcas del Hospital General. Poco tiempo después, en 1749, Fernando VI ordenó que dicha plaza de madera fuera demolida y sustituida, en el mismo emplazamiento que había ocupado, por otra de obra de fábrica, que fue inaugurada en 1754. Para entonces, ya se había dictado una Real Cédula que reconocía al Hospital General como único propietario de esta plaza, y le facultaba para gestionarla directamente o arrendando su administración a quien creyera oportuno. El 5 de noviembre de 1754, una Real Pragmática vino a corroborar todo cuanto disponía esta Cédula, por donde se echa de ver que la consolidación y reglamentación del toreo moderno (permanentemente ligadas, como es lógico, a la erección de plazas estables) tiene un origen benéfico, circunstancia que hoy en día ignoran u olvidan casi todas las voces antitaurinas.

El alcance de esta Real Pragmática de Fernando VI queda de sobra demostrado cuando se repara en la dilatada vigencia que tuvo, renovada el 7 de mayo de 1928 por Alfonso XIII. No obstante, desde mediados del siglo XIX se había vuelto a notar que la explotación ordinaria de la plaza no era suficiente para atender todas las necesidades del Hospital General, por lo que, trayendo a la memoria la antigua disposición de Felipe II, se decidió convocar una corrida anual, de carácter extraordinario, cuyos beneficios irían destinados íntegramente a paliar el déficit de aquella benemérita institución sanitaria. En 1856 se celebró en Madrid la primera Gran Corrida Extraordinaria de la Beneficencia.

No tardó este festejo en alcanzar su grado máximo de solemnidad y con ello, las máximas figuras de las diferentes épocas señalaron esta fecha en sus calendarios como clave por el orgullo que significaba verse anunciado en un festejo que era interpretado como un premio a su trayectoria y a sus recientes actuaciones, especialmente en la plaza de Madrid. Ahí están casos como los de Manolete, que normalmente fue reacio a anunciarse en el abono, pero que, sin embargo, cumplió siempre con la causa noble de la corrida de Beneficencia. Después llegaron muchos otros como los de Paco Camino en 1970 o Joselito en 1993 que dignificaron una vez más el carácter para el que fue creada dicha corrida. Aún así, no son los únicos a lo largo de la historia. Nombres como Joselito, El Gallo, Belmonte, Marcial Lalanda, Domingo Ortega, Antonio Ordóñez, Pepe Luis Vázquez, Paquirri, Curro Vázquez y un largo etcétera de figuras del toreo han actuado en esta corrida a lo largo de la historia, aunque con el paso de los años, el bolsillo propio fuera el destino de los beneficios económicos.

Foto: Manuel Vaquero (ARCHIVO RAGEL), vía Toreros antiguos.

2 comentarios:

carlos gonzález ximenéz dijo...

Creo que en estos tiempos de crisis que corren, tanto taurinos como económicos, bien valdría la pena que estas corridas de beneficiencia fueran fomentadas en las plazas de toros, con la máxima entrega, como lo que fueron.

Anónimo dijo...

mejor que dimitieran todos esos del consejo taurino, vaya banda.